El cierre de la unidad de terreno de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en Barranquilla marca el fin de una etapa institucional en el Caribe colombiano, pero no el final de la respuesta humanitaria. La decisión se inscribe en una crisis global de financiamiento que ha obligado a la agencia a redefinir su presencia en distintos países, incluida Colombia.
«La reorganización responde a la necesidad de reorganizar la presencia de ACNUR en los territorios. Desde hace más de un año la cooperación internacional atraviesa una crisis profunda. No se trata de abandonar los territorios, sino de reorganizarse para seguir acompañando con los recursos disponibles”, afirmó José Sieber, jefe de la Suboficina Norte de ACNUR,
Este contexto ha generado la salida de más de 1.000 personas de ACNUR a nivel global y entre 180 y 200 en Colombia, así como el cierre de varias oficinas de terreno, entre ellas la de Barranquilla, que durante años articuló la respuesta humanitaria en el Caribe y el nororiente del país.

ACNUR apuesta a la respuesta humanitaria con organizaciones sociales
Pese al cierre físico de algunas unidades, ACNUR mantiene su oficina principal en Bogotá, desde donde coordina la estrategia nacional. El país quedó dividido en dos grandes zonas operativas: la Suboficina de Medellín asumió la responsabilidad del norte de Colombia, incluyendo Barranquilla, Montería, Riohacha, Cúcuta y Necoclí; mientras que la Suboficina de Cali coordina el sur, con presencia en Nariño, Putumayo, Buenaventura y Chocó.
Bogotá, además, conserva una oficina de terreno para acciones focalizadas en la capital y departamentos estratégicos de frontera.
“ACNUR no desaparece del territorio; cambia su forma de estar presente”, reiteró Sieber, subrayando que la interlocución técnica y política con las organizaciones sociales se mantendrá mediante acompañamiento remoto, visitas estratégicas y articulación institucional.

En este proceso de transición, Saskia, representante de ACNUR en Colombia, destacó la importancia de escuchar a las organizaciones sociales del Caribe. “Era prioritario comprender sus preocupaciones y prioridades después de tantos años de trabajo conjunto”, expresó.
El liderazgo que permanece en el territorio
Uno de los consensos más claros del encuentro fue que el verdadero legado de ACNUR no se mide en oficinas, sino en organizaciones fortalecidas, autónomas y con capacidad de incidencia. Muchas de ellas iniciaron como esfuerzos voluntarios y hoy cuentan con estructuras sólidas, reconocimiento y proyección nacional e internacional.
Organizaciones como Fundación De Pana Que Sí, Identidades Diversas, Red de Mujeres, Agencia 7-80, Somos Redes y Rostro Caribe fueron reconocidas por su capacidad de sostener procesos comunitarios en contextos de alta vulnerabilidad, incluso cuando la cooperación internacional se retrae.



“El compromiso de ACNUR con el territorio se mantiene, aun cuando la presencia ya no sea permanente. Vamos a seguir acompañando a las organizaciones y a las autoridades a través de un contacto constante y de un trabajo articulado desde nuestras otras sedes”, señaló Sieber.
El representante destacó que las OBC continúan siendo aliadas estratégicas para la respuesta humanitaria y la integración de personas migrantes, refugiadas y retornadas en el Caribe colombiano. En ese sentido, reafirmó que la agencia seguirá explorando oportunidades de proyectos y recursos de manera conjunta, de acuerdo con la experiencia y capacidades de cada organización.
“No están solos. La alianza con ustedes continúa y seguiremos trabajando para identificar oportunidades que permitan sostener los procesos que han construido en el territorio”, enfatizó.
Asimismo, Sieber subrayó que ACNUR mantendrá su articulación con la Alcaldía de Barranquilla, la Gobernación del Atlántico y las entidades nacionales, garantizando la continuidad del diálogo institucional y del trabajo intersectorial, aun en el nuevo escenario operativo.
“Nosotros trabajamos por mandato institucional, pero ustedes lo hacen por convicción. Ese mérito es enorme”, señaló Sieber durante el diálogo.
ACNUR reconoce a Rostro Caribe: comunicar para integrar y transformar
El cierre de la unidad de terreno representa un ajuste institucional, pero no un retiro del compromiso con la protección y los derechos de la población en movilidad humana. ACNUR reiteró que seguirá acompañando a las organizaciones sociales del Caribe colombiano, reconociendo su rol clave en la atención, la incidencia y la construcción de respuestas sostenibles desde el territorio.

En este nuevo escenario, Rostro Caribe recibió el reconocimiento como una experiencia de referencia en comunicación comunitaria aplicada a la integración social, la memoria migratoria y la transformación cultural en contextos de movilidad humana.
Además, ACNUR reconoció su capacidad para traducir procesos complejos, como la migración forzada, la convivencia intercultural y la prevención de la xenofobia, en narrativas humanas, accesibles y con alcance más allá del territorio local, conectando comunidades, instituciones y audiencias nacionales e internacionales.
Este enfoque ha permitido que iniciativas desarrolladas desde el Caribe colombiano dialoguen con agendas globales sobre derechos humanos, comunicación para el cambio social y cohesión social, posicionando a Rostro Caribe como un actor estratégico en la producción de contenidos con impacto territorial y proyección internacional.
Retos y desafíos de ACNUR y OBC
Durante el encuentro, las organizaciones también expresaron preocupaciones sobre la participación en espacios institucionales, señalando la necesidad de pasar de una participación instrumental a una incidencia real en la toma de decisiones.
Desde la experiencia comunicativa, Darcy Fernández, CEO de Rostro Caribe, subrayó el papel de la comunicación comunitaria en este nuevo escenario.“La comunicación no es solo contar lo que pasa, es defender la dignidad, visibilizar procesos y construir narrativas que enfrenten la xenofobia y la desinformación”, señaló.


Por su parte, Thailer Fiorillo, presidentede la Fundación De Pana Que Sí resaltó cómo el acompañamiento institucional permitió que organizaciones locales hoy cuenten con mayor capacidad de acción: “El fortalecimiento que recibimos en estos años nos permitió pasar del voluntariado a una organización con estructura, proyectos y visión de largo plazo”.
En este contexto, el desafío común será sostener lo construido, fortalecer las redes comunitarias y mantener canales de comunicación efectivos con la cooperación internacional, en un escenario donde la presencia cambia de forma, pero no de propósito.










