No fue un desfile. Fue un latido antiguo atravesando el asfalto. La Gran Parada de Tradición convirtió el Cumbiódromo de la Vía 40 en un corredor de memoria viva donde más de 130 grupos folclóricos recordaron que el Carnaval no solo se celebra: se hereda. Desde temprano, el sonido de los tambores marcó el paso de generaciones que han sostenido la fiesta desde la raíz.
En esta jornada patrimonial del Carnaval 2026, las danzas desfilaron respetando su historia, avanzando como páginas vivas de un libro que Barranquilla escribe cada año con pasos, cantos y resistencia cultural.




La cumbia también forma parte de la tradición
La cumbia volvió a ocupar el centro simbólico del desfile. En su ritmo conviven tres continentes: el golpe profundo de los tambores africanos, el lamento melódico de las flautas indígenas y la elegancia de vestuarios que evocan herencias europeas. Esa mezcla no es casualidad; es el ADN del Caribe.
Entre las agrupaciones más aplaudidas estuvo una cumbiamba multitudinaria cuyos bailarines, vestidos con amplias faldas rojas y trajes blancos, giraban como si el viento mismo marcara el compás.
«Cuando bailamos cumbia sentimos que representamos a nuestros abuelos», expresó María Fernández, integrante de una de las agrupaciones participantes. «Aquí no importa el barrio ni la edad, importa el orgullo de seguir la tradición».
La multitud respondió con palmas al ritmo del tambor. Turistas grababan con asombro, mientras barranquilleros veteranos asentían con emoción contenida.
Doña Josefina, venezolana que nunca había asistido a un Carnaval de Barranquilla, presenció el desfile acompañada de su familia y expresó su agrado de vivirlo por primera vez. «Esta es una tradición espectacular».





El paloteo, una expresión que honra el patrimonio
Uno de los momentos más simbólicos fue el tributo al paloteo, una de las expresiones más antiguas del Carnaval. Los bailarines, golpeando sus palos al compás, evocaron disciplina, resistencia y unidad colectiva.
«Este desfile es un acto de gratitud con quienes sostuvieron el Carnaval cuando no era masivo ni comercial», afirmó e barranquillero Juan Carlos Mejía. «Aquí se honra a quienes lo defendieron como patrimonio».
La jornada también abrió espacio para la tradición oral con las letanías, donde la sátira y el humor popular se convirtieron en vehículo de crítica social. Entre versos rimados y parodias cantadas, los grupos abordaron temas actuales, demostrando que el Carnaval también piensa, cuestiona y dialoga con su tiempo.

Para don Rafael Barrios, asistente de 68 años, la Gran Parada tiene un significado especial: «La Batalla de Flores es espectacular, pero esto… esto es el alma. Aquí está lo que no se puede perder».
La Gran Parada de Tradición reafirmó que el Carnaval de Barranquilla no es solo espectáculo turístico ni evento masivo. Es una plataforma donde la memoria colectiva camina, canta y se defiende.
Cuando los últimos tambores se alejaron y el confeti empezó a caer, quedó una certeza: mientras estas danzas sigan recorriendo la Vía 40, el corazón patrimonial del Caribe seguirá latiendo fuerte.
Porque en Barranquilla, la tradición no se guarda en vitrinas, se baila. Y en Rostro Caribe, seguimos en la cobertura especial del Carnaval.






