“Me teletransporta. Tienen la esencia”. Con esas palabras, Sara Ortiz, oriunda de Punto Fijo en Venezuela y residente en Colombia desde hace más de una década, describió lo que sintió al probar por primera vez el pan en Adícora, la nueva sede de Pan de mi Tierra en Barranquilla. No hablaba solo de sabor: hablaba de volver a casa sin salir del Caribe colombiano, de reencontrarse con aquello que muchos venezolanos añoran desde que migraron.

La inauguración de esta primera sede física se vivió como una celebración cargada de memoria, identidad y gratitud. Adícora no es solo un punto de venta, es un espacio de encuentro donde el trabajo honesto, la tradición y el afecto familiar se convierten en pan compartido, tendiendo puentes entre la Península de Paraguaná y la ciudad de Barranquilla.

Durante las palabras de apertura, Darcy Virginia Fernández, CEO de Rostro Caribe, destacó el profundo significado de este logro colectivo. “Pan de mi Tierra es más que identidad. Es familia, es el sabor que cruza fronteras y se encuentra hoy en un lugar que es Barranquilla”, expresó, resaltando que este nuevo espacio representa el esfuerzo de una familia migrante que decidió sembrar futuro sin desprenderse de sus raíces.
Fernández también subrayó que “este es un espacio que simboliza el esfuerzo de esta familia para reencontrarnos con los sabores y con el cariño de una familia que se extiende y viene a compartir con esta tierra barranquillera todo el amor que tenemos como venezolanos”. Con visible emoción, declaró oficialmente inaugurado “este nuevo hogar de Pan de mi Tierra”.
Así se vivió en fotos la inauguración

La alegría se hizo visible en cada sonrisa. Clientes y vecinos celebraron este nuevo comienzo posando para las fotos con señaladores de «Adícora te visitaré pronto», «Pan de mi Tierra me llevó a Adícora», «Yo me bañé en Adícora», «Soy colombiano pero quiero conocer Adícora», entre otros, en las manos, levantándolos con orgullo como símbolo de identidad y pertenencia.
Entre risas, abrazos y miradas cómplices, esos pequeños avisos se convirtieron en grandes gestos de celebración: una forma sencilla pero poderosa de decir aquí nos sentimos en casa, de sellar el momento y de compartir, desde la imagen, la emoción de un sueño hecho realidad.






La jornada reunió a clientes, vecinos y miembros de la comunidad migrante que reconocieron en cada aroma un recuerdo compartido. Mary Bello, proveniente de Cumaná y con siete años en Barranquilla, describió su experiencia como profundamente sensorial: apenas cruzó la puerta, la emoción se le erizó en la piel. Entre canillas, pan campesino y pan de guayaba, confirmó que los sabores siguen vivos más allá de las fronteras.







Por su parte, doña Manuela, colombo-venezolana, expresó su alegría y deseo de que este emprendimiento prospere como símbolo de unión y esfuerzo colectivo.
Adícora rinde homenaje a la playa emblemática de la Península de Paraguaná
El nombre Adícora rinde homenaje a una de las playas más emblemáticas de la Península de Paraguaná, territorio de origen de los fundadores. Para la marca, este nombre representa hogar, celebración y pertenencia. Así lo explicó Marlyn Blanco, fundadora de Pan de mi Tierra, al señalar que este primer punto físico lleva ese nombre porque resume lo que su tierra significa para ellos: raíz, afecto y memoria viva.



La inauguración incluyó una bendición a cargo del padre Javier Pulgarín, quien recordó que el verdadero éxito de este emprendimiento nace de la fuerza interior y del amor con el que se amasa cada pan. Con gestos sencillos y un mensaje profundo, pidió que este espacio sea siempre un lugar de encuentro, trabajo digno y pan compartido, donde cada esfuerzo esté guiado por el amor, la unión familiar y la fe.
Su oración envolvió el lugar en un clima de recogimiento y confianza, reafirmando que cuando los proyectos se construyen con corazón, también se convierten en bendición para toda la comunidad.

También los asistentes a la ceremonia de inauguración, se unieron a las las oraciones y pidieron que el lugar sea punto de encuentro, crecimiento y esperanza, reconociendo el aporte de la comunidad migrante venezolana al motor social y económico de Colombia.


Con productos como el pan francés con guayaba, pan piñita, pan dulce con queso y el tradicional pan de jamón, Pan de mi Tierra abre sus puertas para compartir mucho más que gastronomía: comparte historia, identidad y futuro. El corte de cinta, acompañado por emprendedores aliados y expresiones culturales, selló un mensaje claro: cuando el trabajo se hace con amor, el pan también puede unir territorios.




En Barranquilla, Adícora deja de ser solo una playa lejana y se convierte en un horno encendido donde la nostalgia se transforma en abrazo y cada pan cuenta una historia de hogar reencontrado.
Con Gaita zuliana ycelebración del cumpleaños finalizó la fiesta de inauguración del punto físico de Pan de mi Tierra.






