La ciudad no despertó: floreció. Desde temprano, el asfalto de la Vía 40 dejó de ser carretera para convertirse en río de colores. Cada paso, cada tambor, cada lentejuela fue una declaración de identidad en movimiento. La Batalla de Flores volvió a abrir oficialmente el Carnaval de Barranquilla con una marea humana que transformó el ‘Cumbiódromo’ en el escenario más vibrante del Caribe.
El desfile reunió a más de 14.000 danzantes, 73 grupos folclóricos, 39 orquestas y 18 carrozas a lo largo de cuatro kilómetros.

Más de un millón de personas, entre locales y visitantes, presenciaron el desfile más multitudinario de la fiesta, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
La Batalla de Flores nació en 1903 como un gesto de esperanza tras la Guerra de los Mil Días. Más de un siglo después, sigue siendo el acto que inaugura cuatro días de celebración donde la memoria, la resistencia y la creatividad se funden en una sola narrativa colectiva.

Lo que comenzó como una cabalgata festiva se transformó con los años en un desfile estructurado de comparsas, danzas tradicionales, carrozas monumentales y personajes emblemáticos que encarnan el espíritu del Carnaval.
“La estamos pasando requetebien”
Para quienes llegan por primera vez, la experiencia desborda cualquier descripción.
Patricia Suárez muy orgullosa celebra que trajo a sus amigas para disfrutar del Caranaval. Una de ellas es Maira quien nos dice: «Vine desde Bogotá la estoy pasando increible, espectácular el carnaval. El clima está espectcaular calientico pero rico.. uuuf», dijo sonriente mientras desfilaba acompañada de Nataly Ullo, quien llegó desde Miami hace una semana para disfrutar de la fiesta cultural más importante de Colombia.




A pocos metros, entre la multitud de los palcos estaban Leidy Agamez y Katherin Menesesm quienes son barranquilleras y desde un palco nos cuentan alegres que llegaron desde Bogotá porque «Quien lo vive es quien lo goza»
Las norteamericanas Yessica y Taylor estaban contemplando el desfile y con mucha emoción resaltaron «la estamos pasando bien requetebien, lo que másnos gusta son los bailes, la música, dijeron mientras veian pasar a las comparsas.
La infancia también desfila
Entre el público, muchas familias levantaban a sus hijos sobre los hombros para que no perdieran detalle.
“Yo soy Carlos Briceño de Venezuela y estoy mi familia pasandolo chulo. Es mi segunda oportunidad que disfruto del Carnaval y lo que más me gusta es el colorido».
La Batalla de Flores no solo es espectáculo; es transmisión cultural.


Las carrozas, verdaderas esculturas móviles, recorrieron la Vía 40 como relatos visuales del Caribe: homenajes a la tradición, mensajes sociales y apuestas contemporáneas que demuestran que el Carnaval también evoluciona.
Detrás de cada estructura hay meses de trabajo de artesanos, diseñadores, coreógrafos y hacedores culturales que sostienen una de las economías creativas más dinámicas del Atlántico.
Los soberanos de la fiesta en una Batalla de Flores
La Reina del Carnaval, Michelle Char, encabezó el desfile con una carroza central que simbolizó la autoridad festiva y la invitación al goce colectivo. A su lado, el Rey Momo, Adolfo Maury, representó el espíritu popular, burlón y festivo que caracteriza al Carnaval.
Pero más allá de los títulos, la verdadera protagonista fue la calle. La Reina del Carnaval, Michelle Char, encabezó el recorrido con una carroza que parecía emerger de un sueño tropical, Vestida de verde intenso, adornado detrás con plumas., realizado por el diseñador Alfredo Barraza, A su paso, la lluvia de aplausos competía con el sonido de las tamboras.

También el Rey Momo Adolfo Maury, representó el espíritu popular, burlón y festivo que caracteriza al Carnaval. Nos recordó que la risa y la irreverencia también son parte de la identidad.

Tradición que se hereda, orgullo que se baila
Entre las comparsas, los pasos del Congo y el Garabato resonaron como eco de generaciones. No era solo coreografía: era memoria viva. A pocos metros, Diana Franco muy emocionada y contenta afirma: «Estoy aquí con mi familia pasándola incfreible».
Para don Rafael Barrios, barranquillero nos cuenta: «el desfile es una línea que une pasado y presente. “Yo veía esto con mi papá. Hoy lo veo con mis nietos. Cambian las carrozas, pero el orgullo es el mismo”.

Hoteles llenos, restaurantes sin mesas disponibles y transmisión nacional e internacional confirmaron que la Batalla de Flores es también el evento con mayor impacto turístico del Carnaval. Sin embargo, su valor no es solo económico. Es simbólico.
Aquí conviven la Danza del Congo, el Garabato, los Diablos Arlequines y la Cumbia con propuestas escénicas contemporáneas. Aquí la tradición no se conserva en vitrinas: se baila.
Una Batalla de Flores que también abraza
En medio del bullicio, Mariana Rivas levantaba a su hijo sobre los hombros. Llegó desde Venezuela hace ocho años. “Para mi hijo, esta es su ciudad. Crecer viendo el Carnaval lo hace sentirse parte. Aquí nadie le pregunta de dónde viene cuando suena la cumbia”, dijo con una sonrisa.


La Batalla de Flores no es solo un espectáculo turístico ni un desfile masivo. Es una afirmación colectiva. Es la ciudad diciéndose a sí misma que su identidad se construye en la mezcla, en el ritmo compartido, en la calle abierta.


Cuando el sol empezó a caer, el confeti aún flotaba en el aire como una promesa suspendida. La jornada había dejado más que imágenes: dejó la certeza de que Barranquilla no celebra para escapar de la realidad, sino para reafirmarla.

Porque cuando el asfalto se vuelve jardín y la tambora marca el pulso, el Caribe entero encuentra su espejo en la Batalla de Flores.






