Álvaro Bustillo: un sueño de infancia que llegó al trono del Carnaval

por | 20 Feb 2026 | Noticia Principal, Rostros

Hay hombres que envejecen. Él no: Álvaro Bustillo se alegra cada febrero. Cuando se observa en el espejo y pinta en su mente los colores de las comparsas, el tiempo retrocede. Vuelve a ser ese niño barranquillero que veía cómo la música, el bembé y la alegría convertían las calles de La Arenosa en un territorio sagrado.

Entre lentejuelas, aplausos y el eco vibrante de la música carnavalera, el 2014 tuvo un protagonista indiscutible: el Rey Momo, Álvaro Bustillo. Con su carisma deslumbrante y una sonrisa intacta, se convirtió en el símbolo de una fiesta que llenó de color cada esquinita de la ciudad. Hoy, su historia vuelve a escena para revivir aquellos días en los que el Carnaval de Barranquilla tuvo su nombre plasmado en la memoria colectiva.

Tiene 71 años y más de doce bailando en el Congo Grande. Dice que el carnaval no es solo una fiesta: es un patrimonio. Un patrimonio que aprendió en su familia, cuando apenas era niño y veía cómo dos de sus tíos bailaban en el Congo Grande; otro salía en comedia y otro participaba en las letanías. Desde entonces, asegura: “la sangre ya estaba ahí, cerca de lo que es esta gran fiesta”.

Pero muchos años antes de aquella noche inolvidable de coronación, Álvaro ya caminaba las calles de su barrio con el ritmo metido en los pies. Nacido en Barranquilla, segundo de ocho hermanos, aprendió a seguir el golpe de los tambores mientras también trazaba su camino académico. Estudió en un colegio público, donde comenzó a fomentarse su amor por el arte y el carnaval; continuó su bachillerato en el colegio La Salle y luego cursó estudios superiores en la Universidad Libre y en la Universidad del Atlántico.

“Sin embargo, esa pasión por el arte no nació en los salones académicos. Nació una tarde carnavalera de mi infancia, entre los 5 y 6 años, cuando a mi casa llegó mi tío, el que estaba en el Congo Grande. En ese tiempo, los grupos de danzas llegaban hasta las casas y luego se iban danzando por las calles. Yo me pegué con él y me fui. Recuerdo que regresé tarde a la casa; vivía con mi abuela, de esas abuelas de antaño… ¡y me dio una chancleta bien sabrosa!”, dijo Álvaro entre risas. Ahí comenzó un recorrido que ha seguido cultivando hasta hoy.

En su época, todo era diferente. No existían tantos eventos como el Carnaval de los Niños ni las múltiples presentaciones de comparsas. Más que todo, las familias organizaban bailes de pacopacos y de langosta. Los pacopacos eran fiestas para niños; la langosta, para jóvenes y adultos, acompañadas de los famosos asaltos: grupos de niños y jóvenes disfrazados que recorrían las calles visitando vecinos y amigos, bailando y llenando la noche de música y carcajadas.

Ese mismo niño de cara alegre, después de años entre disfraces, pintura y tambores, empezó a soñar en grande: quería ser Rey Momo. Pero el sueño tuvo obstáculos. La figura del Rey Momo desapareció durante muchos años, dejando en pausa esa ilusión.

Álvaro Bustillo después de insistir durante varios años, el sueño se cumplió

Luego reapareció en 1995, cuando volvió a tomar fuerza en las festividades. En 2010, Álvaro Bustillo decidió intentarlo: “Voy pa’ esta”, dijo convencido. No fue seleccionado. Tampoco en 2011. En 2013 fue finalista. Hasta que llegó 2014 y, después de insistir durante varios años, el sueño se cumplió. No fue fácil: para elegir a este ícono se necesita una hoja de vida sólida, trayectoria, propuestas y proyectos que respalden el compromiso con la tradición.

Álvaro Bustillo revive la tradición del Carnaval
El espíritu del Carnaval se mantiene intacto en cada paso de baile | Foto: Cortesía Álvaro Bustillo – Recuerdos Carnaval 2014

Ser Rey Momo significa encarnar siglos de historia festiva. Aquella tarde, mientras almorzaba, recibió la llamada de la organización del carnaval y de la Alcaldía: había sido escogido como Rey Momo de 2014. No supo ni hacia dónde se le fue la comida de la emoción. “Porque ser Momo no es solamente el goce, es el compromiso con el barrio y con la ciudad”, afirmó.

Para él, esta figura representó un compromiso social, cultural y educativo. Con el paso de los años ha cumplido sus propuestas y ha dejado un legado no solo como artista, sino también como docente de arte en la IED Marco Fidel Suárez, en el suroriente de Barranquilla. Allí ha sembrado en cada niño el amor por el arte, la danza y la alegría, enseñando el carnaval no solo como fiesta, sino como patrimonio. En esa institución lo abrazan cada vez que llega.

En el profe Álvaro se nota la sonrisa cuando habla de sus estudiantes. Siente orgullo al ver cómo se expresan y cómo aprendieron a gozar el carnaval desde una mirada social y artística, justo como él siempre ha querido enseñar. En ese rincón especial del colegio hay un pequeño carnaval permanente: imágenes, recuerdos, atuendos, historias y anécdotas que mantienen viva la tradición.

Hoy, más de una década después de aquel 2014, su nombre sigue asociado a la alegría que desbordó las calles. La figura del Rey Momo cambia cada año, pero la memoria colectiva guarda a quienes entendieron que la corona no es un adorno, sino un compromiso con la tradición. Más que una coronación, fue el reconocimiento público de una vida dedicada al carnaval. Porque, como él mismo dice: “el carnaval es vida, y la vida necesita a Colombia”.

Por Anyelin Andreina López Feria y Roselin Caballero González | Estudiantes de Comunicación Social

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