«El 23 de enero no es solo una fecha en el calendario: es el día en que crucé la frontera con dos maletas, una cámara, una laptop y una fe que todavía estaba intacta”. Así comienza la historia que hoy, 10 años después, sigue escribiendo el periodista y docente Miguel Ángel González Tenías, director de la Corporación Rostro Caribe, al cumplirse una década de su llegada a Barranquilla, la Puerta de Oro de Colombia, ciudad que lo acogió y transformó su vida para siempre.

Aquel 23 de enero de 2016, Miguel Ángel llegó procedente de Venezuela y comenzar un nuevo ciclo en su vida. Dejó atrás 19 años y medio de ejercicio periodístico en el diario Panorama, y tres años antes su labor académica en la Universidad Católica Cecilia Acosta, en Maracaibo. No fue una despedida sencilla: en apenas dos maletas empacó su gastronomía, sus afectos, su cultura y una historia que dolía dejar atrás. La crisis económica, política y social lo empujó a migrar, como a millones, en medio de la incertidumbre.

Hace 10 años, González llegó a Barranquilla sin certezas, pero con la convicción de que la comunicación social y la educación universitarias sería clave para continuar creciendo profesionalmente.
“Fue la mejor decisión que he tomado, porque me ha permitido evolucionar, trascender y seguir generando impacto desde lo periodístico, lo humano y lo familiar”, afirma hoy, al recordar los primeros tres meses, los más difíciles de su proceso migratorio, marcados por el silencio, la espera y la reconstrucción personal.
Una cámara y el Carnaval de Barranquilla
«Estaba de vacaciones en el 2015 en Estados Unidos y me compré una cámara Nikkon porque tenía planificado irme del país y el objetivo ha sido claro: seguir ejerciendo mi profesión», resalta con orgullo.
Su conexión con la ciudad no fue casual. Durante el desfile del Suroccidente Su lente capturó una imagen que cambiaría el rumbo de su historia: “La Magia cumbiambera”. Esa fotografía hace parte de la collección del Calendario de Barranquilla 2016, convirtiendose en la llave que abrió puertas, tendió puentes y confirmó que el lenguaje visual también puede ser un acto de pertenencia.



Más adelante, en el 2020, en plena pandemi logra otro premio en el mismo concurso con “Llamas cumbiambera». Además ha sido finalista con el Premio Ernesto McCausland con la seríe fotográfica «Joven barranquillera con discapacidad motriz: “En la vida no hay limitaciones” en el año 2022 y con la crónica «La danza con el alma de la mujer en el 2025. consolidaron su vínculo con una cultura que ya sentía propia.
Desde el año 2019, hace parte del equipo de docentes del programa de Comunicación Social de la Corporación Universitaria Minuto de Dios lo que le ha permitido continuar con su ejercicio profesional universitario que le permite celebrar en este 2026, 15 años formando jóvenes. «Es un muy valioso seguir sirviendo a la sociedad con los principios de UNIMINUTO: el humanismo cristiano, la actitud ética, el espíritu de servicio, la excelencia, la sostenibilidad y la inclusión educativa.
También resalto la oportunidad de ser colaborador de El Pitazo y el Venezolano Colombia, portales digitales que me brindaron la oportunidad de comunicar noticias de la migración venezolana, ante la falta de oportunidades laborales en medios locales.
Hoy, desde Rostro Caribe, Miguel Ángel como emprendedor lidera una plataforma comunicacional que apuesta por dignificar las historias, visibilizar procesos comunitarios y promover una narrativa donde la migración, la diversidad y el trabajo colectivo se cuentan desde la esperanza. Su apuesta es clara: construir una «Imagen positiva de la Noticia«, sin negar las dificultades, pero resaltando el valor humano que transforma territorios.

“Gracias Colombia por estos 10 años. Gracias por creer que incluso en los momentos más difíciles siempre hay algo que aprender y algo que compartir”, expresa con emoción reafirmando su compromiso de seguir construyendo futuro, a través de la palabra, la imagen y la comunicación comunitaria. La cámara fototográfica es su arma.

Otro logros son los reconocimientos: el Premio la Muralla ¡Soy Yo! como reconocimiento a nuestro trabajo en la prevención de la explotación y el abuso sexual; el primer puesto en Making It Work con la iniciativa «Atencion a mujeres y temas de género, la buena práctica en el territorio “Soy Fotógrafo Infantil”, un proyecto infantil donde los niños aprenden con la cámára y la fotografía a resignificar el territorio, fortalecer la autoestima y permitir que niñas y niños cuenten su propia historia desde la imagen.

«Asimismo, hemos asumido con profundo compromiso la labor de mantener viva la tradición de La Chinita en Barranquilla, una iniciativa que nace desde la fe, la memoria y la identidad migrante. Desde Rostro Caribe hacemos acompañamiento comunicacional y cultural que fortalece los lazos entre comunidades venezolanas y colombianas, generando espacios de encuentro, integración y reconocimiento mutuo, convencidos de que la cultura y la comunicación también construyen paz y territorio», destaco.




10 años después, el salto al vacío se convirtió en camino, y la cámara que llegó como equipaje esencial hoy sigue dando voz a quienes muchas veces no la tienen..






